¡A contar con los dedos!

 

Contrariamente a lo que se creía, ahora los educadores aseguran que los niños que hacen aritmética con los dedos pueden tener mejores resultados en el futuro.

 

Publicado por Marc Peyser 


Si eras como la mayoría de los chicos, tu mamá quizá te dijo que había tres cosas que no debías hacer con los dedos: meterlos en un enchufe, hurgar con ellos la nariz y usarlos para hacer cuentas. Las primeras dos leyes de la dinámica dactilar siguen siendo tan ciertas como siempre, pero los expertos en educación ahora creen que usar los dedos para la aritmética no solo es una magnífica idea, sino que incluso podría ayudar a los niños a ser estudiantes sobresalientes. No exageran.

 

Cuando los niños cuentan con los dedos, traducen un concepto abstracto —la aritmética— a una forma elemental y tangible. Los neurobiólogos consideran, de hecho, que nuestro cerebro está programado para “ver” un esquema mental de los dedos aunque no contemos con ellos, literalmente.

 

Hay una región cerebral llamada área somato-sensorial primaria que se activa ante estímulos de calor, dolor o presión, o al usar los dedos. Investigadores examinaron imágenes cerebrales de niños entre 8 y 13 años mientras hacían restas, y observaron que el área somato-sensorial se “encendía” aunque los chicos no estuvieran usando los dedos. Cuanto más compleja es una resta, mayor actividad se registra en esa zona. Los investigadores creen que cuando se pide al cerebro que reste, automáticamente recurre a su capacidad de contar con los dedos, sin que importe si los dedos reales hacen la resta.

 

La relación entre el uso de los dedos y la capacidad matemática se ha demostrado también con pruebas y otros ejercicios.

 

A niños de primer grado se les pedía que cerraran los ojos y dijeran qué dedo o dedos les estaba tocando un investigador. Un año después, los chicos que se desempeñaron mejor en esa prueba sacaron notas más altas en aritmética. Y cuando a estudiantes universitarios se les aplicó la misma prueba de identificación de dedos, los que tuvieron mejor desempeño también sacaron calificaciones más altas en exámenes de cálculo.

Entonces, ¿qué significa todo esto? Por una parte, los padres y los maestros no deben desanimar a los niños a contar con los dedos. Los investigadores de Stanford también destacan que algunos alumnos simplemente aprenden mejor usando herramientas visuales en vez de memorizar las tablas de multiplicar y recitarlas lo más rápido posible. “Cuando planteo problemas matemáticos a mis estudiantes, les digo, ‘No me interesa la velocidad, más bien me gustaría ver sus ideas en representaciones interesantes y creativas’”.

Boaler cree que toda persona, de cualquier edad, que busque mejorar su capacidad matemática haría bien en desarrollar su destreza manual básica. Esto significa no solo contar con la mano sino agudizar la “percepción” general de los dedos.

 

Podría sonar muy simplista, pero los investigadores de Stanford brindan una hipótesis anecdótica interesante: “La necesidad y la importancia de la percepción de los dedos podría ser la razón por la que los pianistas y otros músicos tienen una mayor comprensión matemática que quienes no aprenden un instrumento musical”.

 

Con ese objetivo, el centro Youcubed, que desarrolla recursos para maestros de matemáticas, ha diseñado una serie de actividades que fortalecen la percepción de los dedos en los alumnos. ¿Te animás a intentarlo en casa? En youcubed.org encontrarás más actividades.

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