El mito de la mayonesa
Por Por Leticia Radavero

Pese a su mala prensa, una cucharada de este aderezo tiene menos calorías que una de aceite.

La mayonesa es uno de los aderezos más usados, aunque muchas veces se la consume con recelo por su contenido graso ya que se elabora con huevo, aceite, jugo de limón o vinagre y otros condimentos. Sin embargo, hoy el mercado ofrece alternativas que se pueden incluir en la alimentación sin riesgos.

Decenas son las historias que se tejen en torno de esta salsa. Se tienen registros de mezclas de aceite de oliva y huevos con texturas similares a la mayonesa, desde los romanos y egipcios. Sin embargo, una teoría sostiene que la mayonesa fue creada en 1756, en conmemoración de la victoria de la Guerra de los Siete Años. En la ciudad de Mahón, mientras que el duque de Richelieu vencía a los ingleses en el puerto, su chef, de origen francés, preparaba un banquete en el cual serviría una salsa sobre la base de crema y huevos. Al darse cuenta de que le faltaba crema, el cocinero improvisó en el momento y la reemplazó con aceite de oliva. En honor a la victoria, el chef nombró “mahonnaise” a esta nueva mezcla.

Otra de las teorías sostiene que la mayonesa deriva de la antigua palabra francesa con la que se denominaba a la yema: “moyen”; otra afirma que su nombre se lo debe a la memoria del duque de Mayenne, quien se tomó el tiempo para terminar su cena —pollo con salsa fría— antes de ser derrotado en la Batalla de los Arcos, en 1589, por Enrique IV. 

Cualquiera sea el origen, lo cierto es que la mayonesa se popularizó rápidamente primero en Francia y luego en toda Europa y en los Estados Unidos. El término mayonesa apareció por primera vez en un libro de cocina en 1841.

¿Cómo se obtiene la mayonesa? La mayonesa es una emulsión de color que varía desde el blanco al amarillo intenso elaborada a partir de yemas de huevo o huevo entero, jugo de limón o vinagre, sal, pimienta y aceite. Los líquidos de una emulsión normalmente no se mezclarían, tal como sucede con el agua y el aceite. Pero en el caso de la mayonesa, la “unión” se obtiene al dispersar aceite en un medio acuoso como la yema de huevo que contiene un emulsionante denominado lecitina que rodea las gotitas de aceite e impide que éstas se unan entre sí, estabilizando así la emulsión y evitando que se separen los dos líquidos.

En cientos de ocasiones, la mayonesa ha sido señalada como uno de los enemigos de la buena alimentación. Sin embargo, puede ser incluida como una grasa saludable para la salud debido a que en su elaboración  se utilizan aceites vegetales, ricos en grasas poliinsaturadas que aportan al organismo ácidos grasos esenciales Omega 6. Además brinda vitamina E, antioxidante que protege el corazón. Por otro lado, no tiene grasas trans y presenta pocas grasas saturadas. 


Incluso, la mayonesa puede ser incluida en los planes alimentarios hipocalóricos en reemplazo del aceite: una cucharada de aceite aporta alrededor de 120 calorías mientras que una de mayonesa común, entre 30 y 50 calorías.


Las mayonesas comerciales son elaboradas con los mismos ingredientes que las caseras, pero la gran diferencia se encuentra en su contenido nutrimental: gracias a la tecnología la comercial logró sabores y texturas similares a la casera pero con menos grasa y colesterol, y mayor tiempo de conservación. Una cucharada de mayonesa casera aporta alrededor de 30 mg de colesterol y 1,5 g de grasa saturada, mientras que una comercial aporta entre 3 y 4 mg y de 0 a 0,5 g, respectivamente.

En las mayonesas light o reducidas en calorías, que aparecieron en el mercado en la década del ochenta, se utiliza almidón, gel de celulosa u otros emulsificantes para obtener la textura adecuada, pero con menor contenido graso. En las góndolas de los supermercados se ofrece un amplio abanico de mayonesas regulares, bajas en grasas, sin colesterol, de soja, de oliva, con fitoesteroles.

Por su parte, la mayonesa casera se puede elaborar a mano o con una batidora eléctrica. Se obtiene al introducir el aceite en forma de hilo a las yemas mientras se bate vigorosamente, todo para permitir que las gotas del primero se mezclen con el agua propia de las yemas. Si se agrega el aceite de golpe o si el batido no es lo suficientemente intenso, los dos líquidos se mantendrán separados, es decir, se cortará la mayonesa. Para solucionarlo se puede  batir una yema de huevo por separado, e incorporarla de a poco a la preparación anterior, hasta que esté cremosa nuevamente. La proporción es de media a una taza de aceite por yema, más una cucharada de jugo de limón o vinagre. Si se prefiere aceite de oliva, se debe tener en cuenta que el extra virgen tiene un sabor muy marcado, por lo que se puede usar aceite de oliva común o mezcla (media de oliva y media de aceite neutro). Si prefiere vinagre en vez de limón, es conveniente que sea blanco para obtener un sabor más delicado.

Debido a que la mayonesa casera  no se cocina, se deben usar huevos frescos y, como máximo, su período de conservación es de cuatro días en la heladera. Aquellos platos condimentados con mayonesa casera tienen riesgo de sufrir alteraciones si no se los conserva adecuadamente. Los mismos deben ser ingeridos en el momento o refrigerados inmediatamente.

Ahora que se conocen las propiedades de la mayonesa, podemos incluirla en la dieta sin culpa.